Pensar en ti.

No son pocas las personas que en un momento de su vida se sorprenden al darse cuenta que no tienen una vida propia.

La mayoría de nosotros hemos crecido en una cultura que nos habla de lo importante que es preocuparse y cuidar del otro, de los demás. De esta manera, muchos de nosotros hemos ido por la vida atentos de las necesidades de los demás, sobre todo de aquellos a los que tenemos cerca, viendo cómo podemos ayudarles, cómo podemos serles útiles, (buscando hacerles más fáciles las cosas) lo que en algunas ocasiones -no podemos negarlo- nos causa grandes satisfacciones. Sin embargo, si bien es cierto hacerlo, es considerado, como una de las cualidades de un buen ser humano, también se corre el riesgo de perderse “en ese viaje”, de -sin darte cuenta- perderse uno mismo, descuidando tus necesidades, tus deseos y con ello tu vida.

Déjame explicarte el por que lo digo.

Conozco gente que gran parte de su vida -fuertemente influida por su educación- ha intentado satisfacer a los demás, quedando atrapada en el hecho de vivir para ello, y por increíble que parezca, no conciben otra manera de “vivir”, aprendieron que al hacerlo así, logran la aceptación y el reconocimiento de los demás y así su vida “tiene sentido” o bien, como me lo decía una amiga mía hace unos días “tal vez lo que siempre he buscado, es que me vean como la salvadora de los demás pero sabes, eso no me ha permitido hacer muchas cosas que deseo. Como sea, en ambos casos, la persona han quedado atrapada en una vida “vivida” para otros.

Por otro lado, no son pocos los casos en los que las personas “viven” su vida consagrándose a otro(s) o viviendo “su vida” en función del otro. Lo que suele hacerse evidente en algunas relaciones de pareja o de padre e hijos.

Y no, no me mal interpretes, no estoy diciendo que amar a otros, el dar de ti a aquellos a los que amas sea malo. No, pues estoy convencido que es una de las cosas mas hermosas que puede experimentar tanto quien da como quien recibe esas muestra de amor, bien sea tu pareja o tus hijos, tus padres o aquellos a los que pueda ligarte un fuerte sentimiento. El problema es el hecho de que hay quien en ese darse, descuida sus deseos, sus necesidades, sus inquietudes y sus sueños y se olvida de su vida, se olvida de vivir.

Cómo ejemplo de ello puedo citar el de aquellas personas que al casarse o unirse a alguien,  suelen enfocar su atención en “vivir” tan sólo para su pareja, haciendo de esa relación todo su mundo para que -pasado algún tiempo, quizá algunos años- cuando menos lo esperan, la relación termina, algunas otras veces puede ser la muerte el factor que sorprende acabándolo todo. Y en esos momentos, “su mundo se derrumba”, aquello que daba sentido a su vida ha desaparecido y aparece en escena el temor y la duda, y es cuando se pregunta: “¿que voy hacer ahora?”

En otras ocasiones, el amor a los hijos y la responsabilidad de cuidar  de  ellos -quizá sin darse cuenta y sin reparar en su impacto- dirigen los esfuerzos y toda la atención de la persona hacia ellos, hacia sus “necesidades” y hacia sus deseos durante un buen número de año, tiempo durante el cuál, muchos podemos olvidar que la ley de la vida habrá de “echarlos a volar”, de llevarlos a moverse por si solos y a caminar sus propios caminos y cuando esto sucede, la persona puede descubrir, con sorpresa y quizá con temor, que su vida ha cambiado “de la noche a la mañana” y sin saber que hacer.

Es así, cómo lo dije en un principio, que muchas personas, quizá sin darse cuenta, se olvidan de vivir, de construir su vida, una vida que responda a sus necesidades, a sus sueños, a satisfacer su más nobles y humanos deseos que generalmente, cuando se busca hacerlos realidad, pueden enriquecer la experiencia y alimentar el espíritu de quien lo hace, dando mayor color y sentido a Nuestra Vida.

No, lo que propongo no es olvidarse de los demás, ni de volverse fríos o desinteresados de las necesidades de los otros, sólo te invito a que atiendas y te intereses por el ser más importante que habita Tu Mundo, que hay en Tu Vida: Tú.

Recuerda: Pensar en ti -a diferencia de lo que tal vez te dijeron de pequeño- es un acto de amor, de salud e inteligencia emocional y si así quieres verlo, de un egoísmo sano, pues cuando Tú estas bien y eres feliz puedo dar lo mejor de ti a quienes te rodean pero además, eso te permitirá establecer relaciones más sanas y maduras con aquellos que amas y están cerca de ti, pues no dependes de ellos para darle sentido a tu existencia, tu relación con ellos te enriquece y tú eres capaz de enriquecer la suya, sin crear ataduras.

El que sólo se da a los demás se quedará vacío, necesitas llenarte tú también y buscar mantener el equilibrio para crear vida.

Cuando te ocupas de estar bien y ser feliz, enseñas a quienes crecen a tu lado y conviven contigo a serlo

Si encuentras útil el contenido de este artículo, mucho te agradeceré lo comparas con quienes creas pueden beneficiarse de su lectura.

Un abrazo.

Guillermo Erazo.

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