Basura Emocional

¿Y tú, que tanta basura llegas contigo?

¿Serías capaz de guardar las bolsas de la basura que se generó en tu casa hace 5 años o las que se generó hace uno?

Casi puedo escuchar un rotundo ¡NO! Sin embargo, tú al igual que yo, conoces gente que ha desarrollado la “habilidad” para cargar con la basura (emocional) que generó hace años.

Es como si todos los días antes de salir de casa te aseguraras de traer contigo dos bolsas llenas de basura -una en cada mano- y cuando no lo haces te sientes raro, porque no sé si te haz fijado, pero, cuando no haces las cosas como siempre las haces, te sientes raro, ¿o no? Una vez “armado” con tus “dos bolsas” de basura sales a la calle como de costumbre, con tus dos manos ocupadas, así se inicia un día más.

Yo me pregunto: “¿Qué pasará después de unas horas de llevar ese peso contigo, -bolsas cargadas de frustración, resentimiento, dolor, tristeza, coraje, entre otras cosas- después de traerlo a cuestas todo el día? Debe ser desgastante, cansado y en algunos momentos, molesto ¿no lo crees?

Ahora, imagina que en algún momento de tu recorrido, teniendo las manos ocupadas, -la situación se torna mas difícil- comienzas a subir una pendiente con un terreno irregular y un tanto resbaladizo, por lo que sería conveniente tener libres ambas manos –haberte deshecho las bolsas y de su contenido- y a pesar de ello, nada, tú sigues sosteniendo tu basura, con el riesgo de lastimarte si resbalas y caes, pues no tendrás tus manos libres para evitar la caída o cuando menos amortiguarla. Pero además, es muy probable que en tu caída puedes arrollar a quienes transitan por ese “mismo lugar” o están cerca de ti –tus compañeros de trabajo o tus seres queridos- y lastimarlos también.

O podrías encontrar frente a ti una buena oportunidad, esperando “la hagas tuya”, pero al tener “las manos ocupadas” –tu percepción distorsionada por tu molestia, tu desconfianza o tu frustración por ejemplo- puedes dejarla pasar y no “llevarla contigo”.

Para algunas personas, esto –llevar la basura consigo- se ha vuelto algo cotidiano y se han acostumbrado a ello, viviéndolo como algo “normal”. Así inician su día y como si “el peso que cargan” no fuera suficiente, hay quien todavía, a lo largo del día va recogiendo aún más porquería, enfocando su atención en aquellas cosas malas que “le suceden”.

Puedes imaginar ¿como transcurre el día de alguien así? ¿Cómo es su relación con aquellas personas con las que convive? ¿Cómo es su vida? Para este momento casi puedo imaginarme a más de uno diciendo o pensando, “si, yo conozco a alguien así” o “yo tengo que soportar a alguien así”.

Y aunque no dudo que eso sea cierto, mucho más productivo sería que nos preguntáramos: ¿Cuánta basura llevo cargando conmigo? ¿Cuántas veces no, “esa basura” me habrá impedido disfrutar de lo que tengo, de lo que soy? Porque, mientras ese tiempo, esa energía, ese espacio sean ocupados por esa “basura”, difícilmente podrán ser invertidos en algo mejor.

Creo que todos nosotros, unos más otros menos, “hemos cargado” o “seguimos cargando” basura de la que es necesario deshacerse, -esos malos recuerdos que lastiman, el rencor, la envidia, el resentimiento, esa pobre imagen que tienes de ti mism@, etc.- antes de que el grado de descomposición sea tal, que hayamos contaminado no sólo nuestra vida sino también la de aquellos que están a nuestro lado y a los que amamos ¿No lo crees?

¿Que sucede si no sacas la basura que se ha generado en tu casa durante varios días? Cuando hago esta pregunta la gente suele contestarme: “SE ECHA A PERDER”, “HUELE MAL” “SE PUDRE”.

¿No crees que bien vale la pena comenzar a tirar toda esa basura, antes de que el olor se vuelva insoportable, antes de que se eche a perder y… tú con ella?

Recuerda: La Basura… A La Basura.

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