Hace unos días escuché a una persona que después de expresar un pensamiento en voz alta, decía: “yo lo decreto” eso dio pie para escribir este articulo.
Hoy en día se ha vuelto común escuchar a algunas personas decir afirmaciones, decretos o pensamientos positivos esperando que éstos actúen casi mágicamente y generen un cambio importante en su vida o les lleven a obtener “el” resultado deseado.
Se dice que “Actuamos en función de lo que pensamos” y aunque esto es cierto, yo agregaría lo siguiente: Actuamos en función de lo que pensamos… consistentemente.
En efecto, el pensamiento es una fuente que puede ofrecernos un enorme poder si sabemos usarlo, de lo contrario, podemos desperdiciar infamemente todo ese poder o peor aún, tenerlo en nuestra contra.
Si, indiscutiblemente actuamos en función de lo que pensamos (o creemos), pero es importante mencionar que son los pensamientos que han ganado mayor fuerza en nuestra mente, los que tienen una mayor influencia sobre nosotros.
Desde nuestro nacimiento y a lo largo de los años, somos “bombardeados” con una gran cantidad de mensajes, algunos de ellos se repiten una y otra vez durante los años en que somos más receptivos y al mismo tiempo más vulnerables, además, muchos de esos mensajes son expresados –no sólo verbalmente sino a través de conductas- por personas que juegan un papel importante en nuestras vidas, lo que les agrega, una enorme carga emocional.

Esos mensajes repetitivos y con una gran carga emocional se convierten en los pensamientos y creencias de mayor influencia sobre nosotros, son como el “sistema operativo” a través del cual funcionamos, dicho de otra manera, esos pensamientos y creencias determinan el significado que damos a las cosas, las decisiones que tomamos y de que manera actuamos.
Tristemente muchos de eso mensajes no son ni útiles ni empoderadores, además muchas veces –a base de esa misma repetición- se desarrollan patrones de pensamientos dirigidos a ver lo malo de las situaciones, a lo que falta, a la queja, a los limites y los problemas, al lado oscuro de las cosas.
Muchas personas desean transformar todo eso e ir aún más allá, desean alcanzar una vida llena de bienestar, abundancia y de felicidad, el problema no es que lo deseen, el problema esta en el cómo buscan lograrlo, les han “vendido la idea” de que el sólo hecho de decir una frase les llevará a crear cambios o condiciones diferentes en su vida y eso no es así.
Como lo dije antes, el pensamiento es una fuente de poder insospechado pero es conveniente identificar que es lo que hace que el pensamiento sea poderoso.
Si queremos sacar provecho de ese poder, es importante tener en cuenta 3 condiciones que debe tener un pensamiento para que ese poder se genere.
1. Propósito
Tus pensamientos deben tener una dirección y un propósito bien definido, si tus pensamientos se dirigen hacia cosas negativas o sin importancia eso es lo que será tu realidad pero si tus pensamientos se enfocan en aquello que en verdad deseas, es valioso, útil e importante para ti eso será lo que crees para ti.
Cabe mencionar que la finalidad de dar un propósito a tus pensamientos además de enfocarnos, tiene dos vertientes:
- Conectarse con la energía de la creación, en donde se comienzan a movilizar todos nuestros recursos personales, generando así la acción, provocando “que las cosas sucedan” y se materialicen, ya que sólo la acción genera resultados. Además de ello, al dar un propósito a tus pensamientos logramos…
- “Encender” en nuestro cerebro, el Sistema Reticular Activador que se encarga de mantener nuestra atención dirigida –consciente e inconscientemente- para estar “a la caza” de aquello que puede sernos útil para la consecución de los que deseamos, de esta manera podrá parecernos que “aparecen” casi mágicamente, recursos, situaciones y personas que serán de gran ayuda para lograr lo que deseamos, la realidad es que es tu enfoque el que las descubre. El Sistema Reticular Activador es una especie de radar que nos mantiene “alertas” para descubrir aquello que nos es útil.
Así, dar propósito a nuestros pensamientos les da una intencionalidad y los enfoca, lo que les llena de poder.
2. Persistencia
Haber escuchado una y otra vez un mensaje y después repetirlo una y otra vez en nuestra mente, es lo que ha hecho tan fuertes e influyentes a nuestros pensamientos, esos que nos dirigen y nos han llevado a crear la realidad que hoy vivimos y que quizá no es la que deseas.
Un pensamiento por muy valioso que pueda ser, si sólo se expresa unas pocas veces para después dejarlo de lado por algún tiempo, estará destinado a desvanecerse y no logrará “crecer” ni fortalecerse, un pensamiento intermitente no sirve de nada. Además la “mala hierba” sembrada en nuestra mente –mientras no “plantemos” algo más útil en ella- seguirá creciendo, saboteándonos sin permitirnos alcanzar aquello que deseamos o vivir como queremos.
Ser persistentes con nuestros pensamientos, repetirlos una y otra vez, durante el día, a lo largo de los días hasta convertirlo en una especie de sana obsesión, es la mejor manera de fortalecer y grabarlos esos nuevos pensamientos en nuestra mente pero más allá de esos, al hacerlo, al repetirlos una y otra vez, lograremos que nuestros pensamientos es transformen en conductas, en acciones enfocadas hacia el logro de aquello que deseamos alcanzar, acciones que nos lleven a crear la clase de vida que deseamos para nosotros.
Actuamos en función de lo que pensamos CONSISTENTEMENTE.
3. Deseo Ardiente
Si nuestros pensamientos con propósito, son expresados con convicción y los cargamos de un deseo ardiente, de una gran emoción, estos –nuestros pensamientos- se vuelven muy poderosos y nos llenan de energía para la acción. El deseo ardiente nos mantiene en movimiento, nos llena de la fuerza y la energía necesarias para movernos, para enfrentar los momentos difíciles y seguir adelante hasta alcanzar aquello que deseamos. Un pensamiento que se transforma en Acción se convierte en poder, el poder de transformar.
Te dejo aquí una analogía:
Imagina que tus pensamientos son como unas manos que moldean la arcilla, en donde la arcilla es la energía de que dispones para transformar tu realidad.
Si las manos sólo hacen movimientos esporádicos y sin entusiasmo sobre la arcilla para después dejarla a un lado pues tienen una idea vaga de lo que quieren, difícilmente la arcilla tomará forma y se convertirá en una pieza terminada.

Por otro lado, si quien dirige esas manos tiene una idea clara de que es lo que desea hacer con la arcilla -propósito-, si además, las manos se mantienen en movimiento de manera persistente y decidida, imprimiéndole una gran emoción mientras lo hacen, imaginando aquello en lo que se transformara la arcilla, poco a poco ésta comenzara a tener forma hasta convertirse en realidad, lo mismo sucede con tus pensamientos.
Por esa razón, las expresiones verbales que se emiten sin un propósito claro, dichas casual o esporádicamente y carentes de emoción -como suelen decirse- nunca tendrán un efecto real en la vida de aquellos que las usan.
Recuerda: La repetición y la emoción son dos factores claves para instalar y consolidar un nuevo pensamiento o una nueva conducta.
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Un abrazo.
Excelente y muy útil texto.
Gracias por compartirlo.
Saludos!
Saludos Mónica, gracias a ti por seguir ahí.
Un abrazo.