La escuela no es suficiente.

La mayoría de las personas apuestan fuertemente por la formación académica de sus hijos considerando que es la mejora inversión que pueden hacer y sobre todo la mejor forma de equiparlos para su vida futura.

Aunque creo que tener una buena formación académica es importante, creo que esta ha sido sobre valorada. Estoy convencido -hoy más que nunca- que la escuela no es suficiente si deseamos que nuestro hijos incrementen sus posibilidades de vivir una vida más plena.

Intentaré explicarte porque lo digo y desde ya te digo que no tienes porque estar de acuerdo conmigo, simplemente quiero compartir lo que yo creo, lo que quiere decir que no es verdad absoluta.

A muchos de nosotros nos hicieron creer que si lográbamos terminar una carreta todo estaría bien: que tendríamos la oportunidad conseguir un buen trabajo, que sería seguro y que eso nos permitiría vivir una vida tranquila y con bienestar.  Quizá durante algún tiempo eso fue cierto, cuando quienes terminaban una carrera era los menos y cuando las condiciones de vida eran otras. Hoy las cosas han cambiado drásticamente, el mundo es muy diferente a lo que fue ayer, la realidad es que ni terminar una carrera te asegura encontrar trabajo –el número de egresados es mucho mayor comparado con las oportunidades de trabajo existente- ni el tenerlo te asegura bienestar. Ante estas condiciones, muchas personas piensan que la solución esta en continuar estudiando: hacer una maestría o una especialidad, lo que muchas veces sólo agrava la situación: la formación sin experiencia no siempre es valorada ni muy bien recompensada por lo que en muchas ocasiones sólo crea más frustración y desanimo.

Dos Asignaturas pendientes

Desde hace algunos años, mi experiencia como terapeuta y el tipo de casos que suelo atender, me han llevado a concluir que existen dos asignaturas pendientes que nuestra formación académica no ha sido capaz de atender o no ha tenido el menor interés en hacerlo. Estas asignaturas son: Desarrollo Humano y Educación Financiera.

A lo largo de mi practica profesional como psicólogo, he tenido la oportunidad de atender o asesorar a personas con diferentes niveles de formación, entre ellos, he conocido personas que además de contar con un grado académico elevado, también ha sabido ubicarse en el mundo empresarial, en  un buen puesto, desafortunadamente estas personas –al igual que muchas otras- se enfrentan con problemas que les impiden disfrutar de lo que han logrado y vivir una vida más plena.

Si, lo sé, todos estamos expuestos a enfrentar problemas en algún momento de nuestra vida, la cuestión radica en que, entre las problemáticas que suelo atender se encuentran: desde la frustración, la dificultad para manejar emociones, la sensación de vacío, la insatisfacción, la preocupación, el temor, la depresión, hasta los problemas para relacionarse o manejar satisfactoriamente sus relaciones entre otros y lo más triste, es que esto se ha ido incrementando. Más triste aún, es el hecho de que personas que teniendo –a ojos de los demás y de la sociedad- una vida con las condiciones para experimentar bienestar y felicidad, no la viven así.

Aunado a esto, se encuentra el otro factor que suele ser la fuente de muchos de los problemas que vive la gente, el económico.  Si, quizá algunos de los que me leen están pensando que el dinero no es lo más importante en la vida o peor aún, que no es importante pues fue lo que muchos de nosotros escuchamos  cuando éramos pequeños y se nos quedo muy grabado.

Pero si somos sinceros, el dinero o mejor dicho la falta de él genera grandes problemas y afecta la estabilidad de una relación o de una familia y sino es así, que me lo diga quien se ha visto en una situación apremiante y sin dinero. Lo más critico de esto, es que muchas personas que tienen problemas económicos, no los tiene como resultado de la falta de dinero sino por la falta de habilidad para manejarlo.

Pero si somos sinceros, el dinero o mejor dicho la falta de él genera grandes problemas y afecta la estabilidad de una relación o de una familia y sino es así, que me lo diga quien se ha visto en una situación apremiante y sin dinero. Lo más critico de esto, es que muchas personas que tienen problemas económicos, no los tiene como resultado de la falta de dinero sino por la falta de habilidad para manejarlo.

Estoy seguro que tú y yo conocemos de cerca o de lejos, casos de personas que aún teniendo ingresos significativos, se encuentran constantemente en aprietos financieros. Mientras te escribo esto, viene a mi mente el caso de una personas que conozco que teniendo un ingreso mensual de $70,000.00 me decía: “… lo que gano no me alcanza … todo es pagar y pagar”.

La mayoría de las veces, nuestra dificultad para manejar adecuadamente nuestro dinero nace de esas creencias que nos regalaron, que nos encargamos de mantener vivas y nos dificultan una buena relación con él y nos han impedido aprender a manejarlo. Puedo equivocarme pero puedo apostar que muchos de nosotros, no tuvimos o no hemos tenido formación financiera.  Muchos de estos problemas, terminan por afectar emocionalmente a las personas, su salud y en consecuencia sus relaciones y su bienestar, por lo que algunos de ellos terminan visitándome.

Lo anterior es o son las razones por las que digo que la escuela no es suficiente, pero bueno, como te lo dije al principio, esto sólo es mi manera de ver las cosas. No, no pretendo ser fatalista o pesimista, de hecho no considero ser así, pero si creo que es importante darnos cuenta que la formación de nuestro hijos requiere algo más que sólo ir a la escuela, su vida y sus experiencias implican mucho más que sólo acumular conocimientos y habilidades técnicas que les preparen para el trabajo.

Creo que nuestra misión, no sólo como padres sino como seres humanos adultos, es prepararlos para vivir y no sólo sobre vivir. Por esa razón te invito, si estas de acuerdo, a que promuevas la formación humana de tus hijos pero además les acerque ahí donde puedan adquirir una buena educación financiera que les permita incrementar sus posibilidades para vivir una vida más rica y plena. Cierto, aunque queramos, no podremos evitar que se caigan pero creo que es mejor prepararlos para que cuando eso suceda, puedan tener los recursos necesario para ponerse de pie lo más pronto posible, ¿no crees?

Antes de despedirme quiero comentarte que suelo decir que: “a bailar se aprende bailando” de igual manera, creo que la mejor forma de aprender a vivir es viviendo, tomemos parte activa para hacer del tiempo que convivimos con nuestros hijos una experiencia enriquecedora y útil.

Si encuentras valioso este contenido por favor compártelo con quienes puedan beneficiarse de él. Al hacerlo también me ayudas a que más personas puedan llegar a mi blog. Desde ya, Mil Gracias.

Un abrazo.

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