Platicando con una amiga, me miró sorprendida cuando –en un momento de nuestra plática- le dije: “yo también me caigo” , haciendo referencia a que también enfrento momentos en los que mi estado de ánimo puede verse afectado como resultado de algún evento o situación a la que me enfrento y que por “un momento” me rebasa.
En más de una ocasión he dicho que antes que psicólogo soy ser humano y que como cualquier otra persona también enfrento situaciones que pueden salir de mi control y llevarme al límite.

Mientras escribo esto, viene a mi mente la pregunta que, hace algunos años, me hizo una persona mientras dirigía un curso.
Me preguntó: “Guillermo, ¿Qué es la Madurez?
La respuesta que le di, fue la siguiente:“No te voy a dar una definición sobre lo que es la madurez, voy a intentar explicártelo gráficamente”
Para ello, procedí a trazar sobre una hoja una línea recta en posición horizontal y a continuación le dije:
“Aún no conozco a una persona que pueda mantener su estado de ánimo a un nivel constante o uniforme” –señalando la línea recta que había trazado-
“Todos hemos tenido y seguramente vamos a tener altas y bajas –al tiempo que trazaba otra línea que bajaba y subía varias veces, cruzando la línea recta que había dibujado antes.
“Desafortunadamente –continúe diciendo- algunas personas tienden a pasar más tiempo abajo que arriba. Son esas personas que tienen habilidad para meterse en problemas o aquellas otras que tienden a pasar gran parte de su tiempo tristes, molestas, frustradas, quejándose o peleando por casi cualquier cosa.”
Con lo anterior no pretendo minimizar lo que una persona pueda estar viviendo o sintiendo, pero creo que a veces, hay quien se engancha con facilidad y se queda “atorada” en la situación, mas tiempo del necesario, prolongando así el malestar.
Ahora bien, aunque sé que la Madurez puede implicar algunas otras cosas más, mi explicación estaba y está dirigida a destacar la habilidad que algunas personas han desarrollado para sobreponerse con rapidez a un contratiempo, un error o una caída.
Dicho de otra manera, para mí, una persona madura es aquella que tiene la capacidad recuperarse con mayor facilidad y rapidez de los momentos difíciles, “levantándose”, recuperando su estado emocional, su bienestar.
Y aunque todos estamos expuestos a “caer” -a sentirnos mal, a dudar, a enojarnos, etc.- la diferencia radica en el tiempo en que “tardas” en “levantarte”, con qué frecuencia “te caes” y cuánto tiempo pasas “arriba” experimentando equilibrio y bienestar emocional.
Como lo dije líneas arriba, aún no conozco a quien mantenga su estado emocional sin cambios o siempre hacia arriba. Todos en algún momento experimentamos un “bajón”, nos “caemos”.
El reto es aprender a mantenernos más tiempo “arriba” y desarrollar la habilidad para superar con mayor rapidez los momentos difíciles, recuperar nuestro equilibrio emocional para seguir adelante y retomar nuestra vida.
La realidad es que los problemas, los contratiempos, las “caídas” son un componente más de nuestra vida. La pregunta no es si te vas a caer, sino ¿Qué es lo que vas a hacer cuando te suceda?
Tenemos que aprender a darle a los problemas su justa dimensión y no sobre dimensionarlos. Aceptar que hay cosas que escapan a nuestro control y que eso está bien, que tenemos que seguir caminando con lo que tenemos y no seguir queriendo que el mundo se ajuste a nuestros deseos.
Aprender a seguir caminando con lo que tenemos y no me refiero a ser conformistas sino a aceptar que hay cosas que escapan a nuestro control y que eso está bien, a no seguir queriendo que el mundo y las personas se ajusten a nuestros deseos y a nuestras necesidades, pues cuando lo hacemos así -y de una manera rígida- sólo estamos preparando “la tierra” para sembrar problemas, para que el desencanto y la frustración sean parte de la decoración de nuestras vidas.
En realidad, la vida es como es, aceptarlo y aprender a ver lo que en ella nos sucede como oportunidades de aprendizaje y crecimiento para sacar provecho de aquello que vivimos, hará que nuestra vida sea más estimulante, más llevadera y gratificante.
Y no, con lo dicho anteriormente no quiero decir que cuando las cosas salgan mal o nos sucedan cosas desagradables no tiene uno que sentirse mal, no. Finalmente, nuestras emociones están ahí para experimentarlas (pero además cumplen una función, son señales. En otra ocasión hablaré de ello)
Es importante aclarar que lo que no es sano ni útil es quedarse “atascado” y prolongar el estado de molestia, frustración, enojo o el que haya resultado de la situación en cuestión. Se “vale sentir” pero lo más sano es levantarse lo más rápido posible, retomar el camino y seguir adelante.
Si, yo también me caigo pero afortunadamente cuando esto me sucede, ahora sé como salir del “hoyo” más rápido.
Aceptando que las cosas son como son, la vida no se hizo a mi antojo –hay cosas que salen de mi control, no dependen de mi-
Aprendiendo y sacando provecho de lo vivido, de la experiencia. Y si hay algo que pueda hacer -de manera diferente- lo hago, con lo que me enriquezco y promuevo mi crecimiento.
Y restableciendo mi bienestar emocional.
Así que, si me “caigo” y me desvío de mi estado emocional sano y natural, me levanto, aprendo y retomo el camino lo más rápido posible.
Recuerda: La pregunta no es si te vas a caer, la pregunta es: ¿Qué vas a hacer cuando te caigas?
Si encuentras el contenido de este articulo útil, mucho te agradeceré lo hagas llegar a quien creas puede ayudarle.
Nos encontramos pronto, mientras tanto, recibe un abrazo.
Guillermo Erazo.
Fue una maravilla, me enseñó algo y me dio mucha paz.
Es grato saber que ha sido así José Antonio. Un abrazo.