“Y vivieron felices para siempre.”

Hace algún tiempo llego a consulta, buscando apoyo, alguien a quien llamaré Viviana.

Casada desde hacia más de 2 años me hablaba de la situación que vivía en su relación al momento de su visita. Me decía que no podía entender como las cosas habían cambiado tanto, que el hombre con el que se había casado era, para esos momentos, un total desconocido, comparado con el que había conocido y con quien se había casado sólo unos meses atrás.

De acuerdo a su relato, los detalles habían escaseado, ya no pasaban tanto tiempo juntos y él se concentraba más en su trabajo que en ella. El hombre cariñoso y atento que la había enamorado, había dado paso a una persona poco expresiva, que poca atención le ponia. Se quejaba de que, ahora, había momentos en que por cosas sin importancia discutian y que él se notaba preocupado la mayor parte del tiempo y se irritaba con facilidad. Después de hacer una pausa, sumergiendose en sus pensamientos, dijo: “ya nada es como antes” al tiempo que sus ojos se llenaban de lágrimas, y terminó diciendo: “¿por qué no puede ser como antes, como era al principio?”

Después de escucharla, no puede evitar recordar esa frase, que estoy seguro muchos de nosotros recordamos, con la que se cerraban o aun se cierran algunos cuentos o películas: “y vivieron felices para siempre” frase que sigue al momentos en el que los protagonista, la pareja, se unen “para siempre”.

Y yo me pregunto, ¿por qué no nos cuentan lo que pasa con la pareja una vez que comienzan a vivir juntos?

Aunque, para algunos, puede parecer exagerado lo que diré a continuación, este tipo de relatos, este mensaje transmitido a través de los cuentos, las novelas o las películas, ha permeado por mucho tiempo la idea del amor de pareja, creando expectativas poco realistas acerca del amor, que lo único que logran, es crear unas bases muy frágiles sobre las que se intenta mantener una relación, lo que a la larga le llevará a derrumbarse con facilidad.

Y no, no pretendo decir que el amor no existe o no se puede lograr, pero creo, estoy convencido que el verdadero amor, el amor maduro como lo llamo, requiere de bases más sólidas, de creencias e ideas más realistas o humanas que den paso a acciones o prácticas que sean los cimientos sobre los que se pueda construir una verdadera relación, raices firmes que contribuyan a que el amor maduro pueda florer.

El verdadero amor requiere algo de lo que poco se nos ha hablado, cuando se habla de amor. El amor maduro requiere trabajo constante, además de compromiso, un constante cuidado, que unido a la creatividad para mantenerlo vivo, puede dar paso a una experiencia enriquecedora, estimulante y prologada entre dos seres que desean construir algo significativo e importante.

Así, más que decir: “Y vivieron felices para siempre”, sería mejor decir: “Y ahora, empiezan a escribir su historia juntos, empiezan la construcción de su relación”.

Por cierto, Viviana y su pareja, como resultado de un proceso de terapia, aprendieron a trabajar juntos para construir y mantener viva su relación, que dicho sea de paso no es perfecta pero ahora cuentan con cimientos firmes que les ayuda a manejar, de una mejor manera, lo malos momentos de los que ninguna relación se salva.

Recuerda: el verdadero amor, el amor maduro se construye.

Si encuentras valioso este contenido y crees que puede ser útil para alguien más, te agradeceré lo compartas.

Nos encontramos pronto, mientras tanto, recibe un abrazo.

Guillermo Erazo.

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